Hay compositores que consideran la creación de una ópera como un proceso especialmente intenso que debe permitir proyectar su personalidad creativa al máximo nivel, el verdadero punto culminante de toda su producción. Por ejemplo, "Ariane et Barbe-Bleu", de Paul Dukas, o "Die Soldaten", de B. A. Zimmermann; la misma relación se establece entre "Oedipe" y Enescu. A lo largo de muchos años, Enescu compuso lenta y meticulosamente la que sería su obra más importante.
"Cher ami, "Oedipe" est debout. Il a bien encore quelques excroissances et bosses, mais existe!"
Esta carta, escrita en París en el año 1922 por Enescu, estaba dirigida a Edmond Fleg, autor del libreto; era el fin del primer período de un largo proceso que se había iniciado en el año 1906. Fue en aquella época cuando el joven compositor empezó a pensar en la posibilidad de escribir una ópera. Pocos años después, en París, asistiendo a una representación en la Comédie-Française del "Edipo rey" de Sófocles, creyó haber encontrado un argumento para el libreto. A principios de 1910 se iniciaron los primeros borradores.
A lo largo de 1910 empezaron los contactos entre quien sería el libretista de "Oedipe" y el compositor, aunque aún tendrían que pasar tres años hasta que Enescu pudiera trabajar con el texto terminado. En ese momento comenzó la primera etapa: la composición de la ópera en la versión para piano, que terminó, como explica la carta citada anteriormente, en 1922. Inmediatamente después, Enescu inició la orquestación, finalizada en 1931.
Las primeras composiciones de Enescu datan del año 1896 y son para piano. La primera obra con número de opus es una suite sinfónica, el "Poema rumano", compuesta en 1897. Unos años después vendrían obras como las dos "Rapsodias rumanas", que le dieron una gran popularidad. Estas obras, con una evidente incorporación de elementos procedentes de la música popular y tradicional, aunque muy a menudo reinterpretados, no son las composiciones más personales. A partir del "Dixtuor" del año 1906 se empieza a definir un tipo de música profundamente rumana, con la expresión de un lirismo nostálgico combinado con la incorporación de procedimientos contemporáneos. Es a partir de este momento y hasta su última composición, la "Sinfonía de cámara" del año 1954, cuando Enescu va definiendo un lenguaje muy personal.
En diferentes ocasiones, el autor manifestó que "Oedipe" era su obra más cercana. El trabajo de muchos años y la identificación del compositor con el héroe de la ópera la han convertido en una obra de una sorprendente intensidad. El origen del libreto son dos tragedias de Sófocles: "Edipo rey" y "Edipo en Colono"; el libretista y el compositor utilizan al personaje mítico como un símbolo real y vivo. Este personaje de todos los tiempos, universal, entusiasma a Enescu: «... ¡qué tema!, ¡tratar de frente la antigüedad en lo que tiene de más espléndido, de más legendario y, al mismo tiempo, de más humano!».
La ópera está dividida en cuatro actos y seis escenas. El prólogo y el primer acto nos dan a conocer los imperativos del destino, el parricidio y el incesto; musicalmente, hay grandes contrastes entre la música pastoral y la de carácter guerrero. En el segundo, Enescu trata la orquesta con gran intensidad dramática, con tramados complejos y procedimientos muy personales, como la utilización de cuartos de tono en la intervención de la esfinge: «La bête et la poussière, et l’astre au ciel serein sont menés par sa main», frase que, por grados conjuntos, va deslizándose del grave al agudo. Después, Edipo responderá con las palabras que para Enescu son el núcleo central de la ópera: «L’homme est plus fort que le Destin!»; tras unos gritos, la esfinge muere. «Cuando dejé la pluma, después de esta escena, creía que me volvería loco», había comentado Enescu. El tercer acto mantiene el ambiente trágico; poco a poco, la tensión aumenta hasta el descubrimiento del incesto involuntario y la posterior ceguera de Edipo. En el cuarto acto y epílogo se combinan sonoridades serenas y de encantamiento con complejos tramados de un extraordinario refinamiento tímbrico.
Enescu utiliza diferentes procedimientos para dar cohesión y fuerza dramática a la ópera. El flujo sinfónico que recorre la obra está entrelazado por diversos motivos y temas. Teniendo en cuenta los antecedentes de Berlioz con la «idée fixe» y de Wagner con el «leitmotiv», Enescu, aunque de una manera personal, utiliza algunos de estos principios para relacionar breves estructuras sonoras con elementos dramáticos. Los leitmotiv pueden referirse a personajes (Edipo), a símbolos (el destino) o a personaje y símbolo a la vez (Yocasta e incesto), y aparecen a menudo transformados, siempre condicionados por el entorno sonoro y las necesidades dramáticas. Algunos de estos motivos se utilizan en momentos fundamentales, por ejemplo, cuando interviene el destino. Al inicio de la ópera, en el Preludio instrumental, los contrabajos exponen este motivo, integrado por once sonidos (número simbólico que anuncia un conflicto) y que se inicia con unos dramáticos intervalos de segundas menores. También en el Preludio se expone el motivo de Edipo, que está constituido por cinco notas (cinco, símbolo del hombre) y servirá de núcleo genérico para otros motivos conductores.
La transformación de los motivos se realiza de diferentes maneras; las más habituales son los cambios del ritmo, de los intervalos, del timbre o el desarrollo de las células constitutivas de un motivo.
Otro procedimiento personal es la concepción modal. Teniendo en cuenta los recursos armónicos utilizados por Fauré o Debussy y el interés por la música tradicional rumana, la modalidad se convierte en un elemento lógico que amplía mucho los modelos tonales convencionales. La modalidad viene determinada por la combinación del cromatismo y del diatonismo, a menudo de acuerdo con las necesidades expresivas (densidad cromática = tensión; diatonismo = serenidad o celebración). El ritmo también está originado, en parte, por la influencia del canto popular; en "Oedipe" encontramos muchas veces un ritmo fluido cercano al "parlando-rubato".
El 13 de marzo de 1936, cinco años después de finalizada la obra, se estrenó en la Ópera de París. El director fue el flautista y compositor Philippe Gaubert; todos los intérpretes realizaron una excelente versión. La crítica también valoró la obra; por ejemplo, Émile Vuillermoz escribía: «A pesar de la austeridad aparente de esta música, pocas partituras contienen un patetismo tan punzante y sincero». Posteriormente, otros compositores, como Florent Schmitt o Arthur Honegger, destacaron la singularidad de la obra y su distancia tanto de los sucedáneos wagnerianos como de los "pastiches" que imitaban a Debussy o Puccini. El éxito duró poco: la obra se volvió a representar al año siguiente y después cayó en el olvido.
El fin de este olvido se inició gracias a la Ópera de Bucarest, que en el año 1958 incluyó "Oedipe" en su programación. Unos años después, la casa discográfica Electrecord realizó una grabación en lengua rumana; el papel de Edipo fue interpretado por el barítono David Ohanesian, siendo el director Mihai Brediceanu. Una segunda grabación discográfica se hizo en Montecarlo en el año 1989, esta vez en una versión en francés; el intérprete de Edipo fue José van Dam y el director, Lawrence Foster.
Por su calidad, "Oedipe", de Enescu, debe situarse al lado de las grandes óperas del siglo XX. De la misma manera que "Doktor Faust", de Busoni, las dos óperas de Alban Berg o algunas óperas de Britten se incluyen (o se deberían incluir) habitualmente en las temporadas de ópera, también "Oedipe" merece difundirse como una obra singular y muy personal.
Jesús Rodríguez Picó
