Al inicio del libro “El país fértil” (Editorial Acantilado, 2024), Pierre Boulez explica que contempló por primera vez la obra de Paul Klee en el año 1947. Según el compositor, estos cuadros le causaron una profunda impresión.
A partir de este impacto surgió en el compositor una reflexión en profundidad sobre la “persuasión duradera” y las diversas posibilidades de interpretación de los cuadros de Klee. Boulez destaca, por ejemplo, la percepción de dos planos con posibilidad de desplazamientos en diferentes direcciones, estableciendo así una correspondencia musical: “Pocas obras hay tan cercanas a la polifonía”.
La intención de relacionar las artes plásticas y la música, creando nexos entre ambas, ha aparecido en diversas ocasiones tanto desde el universo sonoro como desde el pictórico.
I. Cuatro propuestas del siglo XX
Boulez opina que algunos pintores han sido seducidos por una especie de “traducción” gráfica de la música; es decir, tratan de establecer una analogía inspirada por lo musical y representada en el lienzo. Un ejemplo de ello son los dibujos de Matisse inspirados en el “scherzo” de la Quinta sinfonía de Beethoven.
Un pintor que establece otro tipo de relación entre su obra y la música es Kandinsky. En su libro “De lo espiritual en el arte” escribe: “El color es la tecla. El ojo el macillo. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana”. Asimismo, el título de varias de sus obras hace referencia directa a la música, como aquellas que llevan por nombre “Composición”.
Otra propuesta provino de Scriabin, que intentó vincular directamente los sonidos con los colores. La primera edición de “Prometheus” op. 60 está fechada en 1911; dos años más tarde, Scriabin añadió más indicaciones para precisar la relación entre acordes y tonalidades cromáticas. En la reimpresión de la editorial Ernst Eulenburg de 1965, encontramos en la segunda página el esquema que conecta tonalidad y color. En la parte superior de la partitura de orquesta, un pentagrama bajo el nombre de “Luce” indica los acordes que deben interpretarse en el teclado de luces (“Tastiera per luce” en otras ediciones).
Finalmente, en el primer volumen de los siete que forman el “Traité de rythme, de couleur, et d’ornithologie”, Olivier Messiaen explica en el apartado dedicado a las artes plásticas cómo los colores influían en su música; tonalidades que percibía incluso en sueños: “Los colores de los sueños han despertado las armonías y ritmos de mi “Quatuor pour la fin du temps”. También menciona el impacto de ciertas pinturas de Robert Delaunay, como “La joie de vivre”.
II. Paul Klee
Boulez se pregunta: “...en el caso de Klee, ¿se trataba de obtener una simple traducción?”. La respuesta es concluyente: “En absoluto”. Más adelante encontramos el concepto preciso de la personal propuesta de Klee: “trasladar estructuras”.
La relación de Klee con la música se manifiesta de tres maneras diferentes:
Pinturas que representan, describen y, sobre todo, imaginan. Como en “El Don Giovanni bávaro” (1919), donde la ironía, la fantasía, la imaginación y la forma se combinan para reproducir una imaginaria “cita amorosa”.
Pinturas que sugieren movimiento (y sonido). La rotación y, al mismo tiempo, la expansión de los elementos del dibujo central —la casa— son el tema de “Revolving House” (1921). Se aprecia un giro y una expansión de formas y colores hacia un “exterior” enmarcado por pequeñas manchas oscuras.
Traslado de estructuras. Quizás este sea el planteamiento más personal en la relación entre pintura y música. Según Boulez, se trata de “...una tentativa de aplicar la riqueza de la música a otro modo de expresión”. “Fuga en rojo” (1921) visualiza una forma musical que logra aunar una dimensión horizontal con la superposición; un desplazamiento que mantiene formas reconocibles (hojas, jarrones, rombos, círculos) y una transformación de “sujetos” que se desplazan desde un fondo oscuro hacia una superficie luminosa.
Paul Klee, “Sobre el arte moderno” Editorial Elba, 2021. (Cuatro citas)
-“...mi obra, que de hecho debería expresarse por sí misma, en su propio idioma...”
-“No hables, pintor, pinta”.
-“La savia fluye desde la raíz hasta el artista... hasta su ojo. Es como el tronco del árbol”.
-“Su trabajo, como la copa del árbol, se despliega y se extiende en el tiempo y el espacio a la vista del mundo”.
“Cuando la estructura fuerza a la imaginación...nos encontramos en el país fértil”.
Pierre Boulez, “El país fértil, Paul Klee”.
Jesús Rodríguez Picó




