Texto publicado
en el catálogo de la exposición "Listas de espera".
Espai VolART (Fundació Vila Casas) Barcelona (2003)
Tiempo inmóvil
Lento, con gran serenidad, un acorde tras otro, el paso parsimonioso, aunque
con decisión. “Lent et détaché sans sécheresse”, así lo quiere el autor.
Después de los majestuosos acordes, un cambio, una breve melodía con cariz de
marcha; la articulación cambia, “lié”, y también la dinámica, antes piano,
ahora forte. Estos dos motivos se suceden, y también se combinan, siempre
diferentes, siempre parecidos, estáticos, solemnes y serenos, fríos. El autor quiere
crear música "fría".
Acordes alineados, uno tras otro, rehuyendo el desarrollo, como si no quisieran
reencontrarse con ellos mismos; no pretenden dirigirse a ningún lugar concreto,
aparecen y se desvanecen, sucesivamente, con decisión.
El color: blanco
La forma: hierática
La obra: “Sonneries de la Rose + Croix”.
Ecos de un tiempo lejano, imaginado, sugeridores de épocas heroicas.
Música matinal.
Prefacio de “Sports et divertissements”
“J'y ai mis tout ce que je connais sur l'ennui.
Je dédie ce choral à ceux qui ne m'aiment pas.
Je me retire”.
Erik Satie
Espacios interiores
Amplios intervalos, puntos contra líneas, contrastes repentinos. El espacio y
la noche. Como oleadas de sonido, continúan los impulsos, breves silencios se
intercalan, el vértigo de la inmensidad.
A Varèse le interesan más los espacios interiores que los exteriores. Lee Juan
de la Cruz:
La noche sosegada
En par de los levantes del Aurora,
La música callada,
La soledad sonora,
La cena que recrea y enamora.
La constelación de sonidos dibuja un espacio, sin límite; pero se supone un
final. Las oleadas se mantienen y se mezclan los sonidos: la amplia percusión,
la electroacústica y los instrumentos de la orquesta. Una atenta escucha nos
hace prever o un punto culminante o una disminución de la densidad. Varèse
elige espaciar ligeramente los sonidos; el fin nos lleva sosiego. La tensa
espera se resuelve. La imaginación nos ha sumergido en la tensión y después nos
ha dado esperanza.
"La belleza no proviene de una fórmula... es la imaginación quien da la
forma a los sueños."
Las obras: “Déserts” y “Nocturnal”
Música nocturna.
Varèse, en el inicio del poema sinfónico “Arcana”, cita el siguiente texto de
Paracelsus:
"...Además de esta hay todavía otra estrella, la imaginación, que da
nacimiento a una nueva estrella y a un nuevo cielo."
La última espera
Los primeros indicios del último giro acontecieron en el 1953; en el último
movimiento del “Septour” encontramos una aproximación en la escritura serial.
Inicio de un periodo cada vez más austero, donde a menudo se combinan formas
pretéritas y nuevos procedimientos. Algunas obras de estos años son religiosas,
con texto. Según el compositor, escritas desde la fe, como creyente.
“Requiem canticles” es la más importante de las últimas obras de Stravinski; el
último de los fragmentos de la obra es el “Postlude”. Casi como una despedida,
el compositor, ante el enigma de la muerte, crea una música exenta de todo
accesorio, de una gran intensidad dramática; parece que el tiempo se para, solo
serenidad.
Años antes, la muerte de un amigo había hecho que Stravinsky se conmoviera,
poniendo música en unos textos llenos de rabia y dolor: “Rage, rage against the
dying of the light”, texto intercalado cuatro veces a lo largo del segundo
movimiento de la obra “In memoriam Dylan Thomas”.
El “Postlude” de “Requiem Canticles” es una despedida; con la expectativa de un
final próximo, el autor opta por sonoridades enigmáticas. Lentamente, dos
bloques tímbricos diferentes se alternan: por un lado, las flautas, el piano,
el arpa (el acorde de la muerte), y una trompa que une los dos bloques; por el
otro, la celesta, las campanas y el vibráfono. Mientras que el primer bloque es
estático, el segundo está formado por acordes que se suceden en una progresión
procesional, como un ritual. Ya no es el exuberante ritual pagano de “Le Sacre
du Printemps”, sino uno de intenso e íntimo a la vez; el tiempo se acaba, hay
que utilizarlo con mesura.
El “Postlude” está escrito solo en diecisiete compases.
El silencio
"...Y me imagino que al ir cambiando la música contemporánea de la manera
en que yo la estoy cambiando, lo que se hará es liberar cada vez más
completamente a los sonidos de las ideas abstractas que se tiene de ellos, y
más y más exactamente dejarlos ser físicamente únicamente, ellos
mismos..."
Con John Cage, el silencio no es un elemento puntual, sin funciones
estructurales, el silencio es tan importante como el sonido. La música es el
arte del tiempo, y el tiempo no da prioridad al sonido sobre el silencio.
Si dejamos que los sonidos sean lo que son, un sonido puede ir detrás de otro,
espaciándolos, originándolos individualmente, sin un objetivo preciso; abrimos
el abanico de posibilidades, el sonido que hacemos, el que nos rodea, el que
hacen los otros. Sin jerarquías sonoras. Si todos los sonidos pueden ser
útiles, utilicémoslos.
El silencio convive con los sonidos, les rodea, los separa, los aleja, los
funde y los transforma, está en los sonidos. Hasta que al final, lo inevitable:
4'33''
Una obra para esperar que pase algo. Y lo que pasa es que no existe el silencio
absoluto. Nos rodea el sonido; cada cual genera sus sonidos: los del sistema
nervioso y los del sistema circulatorio.
4'33'' es una obra donde el intérprete o intérpretes están en un escenario y
permanecen el tiempo que indica el título de la obra, sin realizar sonidos. Los
sonidos que escuchamos, los que nos rodean, son los sonidos de la obra; el
silencio ya no es un fondo neutro de donde surgen los sonidos.
El silencio absoluto no existe; el silencio y el ruido se han aliado.
"...No le preocupa la continuidad (refiriéndose a Feldman) porque sabe que
cualquier sonido puede seguir a cualquier otro..."
El silencio transición entre sonidos; los sonidos transición entre silencios.
Jesús Rodríguez
Picó
