Los nombres propios, y no las corrientes que reúnen compositores con procedimientos similares, son los que definen la música de nuestro tiempo. Música contemporánea, actual, de vanguardia, de hoy: los nombres se han multiplicado, pero son los verdaderos creadores, cada uno con sus procedimientos propios, los que dan a la música actual su personalidad. Lejos de priorizar alguna corriente, en la música actual conviven los estilos más diferentes, a menudo contrastados. Es el creador el que define nuestro tiempo. La música conocida como contemporánea ha reunido a algunos de los compositores más importantes de los últimos años; uno de ellos ha sido el italiano Luciano Berio.
Los primeros años
El catálogo de Berio se inicia en 1937 con "Pastorale". A partir de este momento, las composiciones se suceden, aunque las influencias y la búsqueda de un lenguaje personal determinan estas primeras obras. A partir del año 1945, Berio empieza los estudios en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán. Algunos profesores, como Giorgio Federico Ghedini, lo aproximarán a compositores como Monteverdi o Stravinsky.
Como el mismo Berio explicaba, escuchar a Ghedini tocando el piano y cantando Monteverdi era una experiencia inolvidable. En el año 1952, en los Estados Unidos, Berio estudió con L. Dallapiccola, acercándose a las técnicas seriales, técnicas que determinaron algunas de las composiciones de esos años.
Una de las primeras obras editadas son las "Due Pezzi". Esta composición de 1951 es lírica y contenida; la precisión de la escritura y los elementos poéticos serán, a partir de este momento, una de las características del autor. Otra obra fundamental es "Chamber Music", escrita a partir de textos de James Joyce. Esta composición tiene una gran sutileza sonora y utiliza un tratamiento vocal que combina procedimientos tradicionales con otros relacionados con la vanguardia.
En estos primeros años cincuenta, época con un deseo común de cambios, de clarificar, de profundizar y desarrollar la experiencia serial, y también de releer la historia, Berio se establece en la ciudad de Darmstadt, un centro donde se encuentran compositores e intérpretes, y se propone una manera de componer bastante estricta: será la conocida Escuela de Darmstadt. Para exorcizar una estética demasiado rígida y bajo la influencia de Bruno Maderna, Berio compone "Nones" para orquesta, según el autor, una obra que poco tiene de la influencia de Darmstadt. Se ha iniciado un camino muy personal; la ortodoxia que proponen los centros neurálgicos de la vanguardia incidirá poco en la personal manera de entender la música de Berio.
Sequenze
En una ponencia denominada «El problema de la obra abierta», presentada en Venecia en el XII Congreso Internacional de Filosofía, y años después editada en un libro, "La definición del arte", Umberto Eco proponía algunas recientes composiciones musicales como ejemplos de obras que podían ser incluidas en la categoría de obras abiertas, o sea, con cierta flexibilidad que permitía al intérprete acabar de decidir el resultado final de la composición. Los autores citados eran K. Stockhausen y H. Pousseur. Posteriormente, en 1962, en el capítulo dedicado a la poética de la obra abierta de la publicación "Opera Aperta", Eco comenta el grado de libertad concedido a los intérpretes en algunas composiciones. Entre los autores, además de Stockhausen, añadía a P. Boulez y L. Berio. De este compositor, la referencia era la "Sequenza para flauta", en aquel momento todavía titulada de este modo, sin la especificación del número 1, pues tendría que ser la primera de una larga lista de obras, para instrumento o voz solista, que sería un punto de referencia fundamental de la música de nuestro tiempo.
Las trece "Sequenze" (más la IXb para saxofón) han sido escritas a lo largo de cerca de cuarenta años. Según el autor, los aspectos unificadores de estas obras son: el virtuosismo, distanciándose del virtuosismo entendido como manifestación gratuita de la habilidad técnica; a Berio le interesa la tensión que se origina entre la idea musical y el instrumento, entre el material y la materia musical. La novedad de un pensamiento musical puede imponer soluciones técnicas inéditas, haciendo evolucionar la técnica del instrumento. Otro elemento unificador de estas composiciones está relacionado con el intérprete. Este tiene que tener una perspectiva histórica que le permita resolver las tensiones entre la creatividad del pasado y la actual; en otras palabras, no hace falta que sea un especialista de la música contemporánea. Berio no pretende ni transformar ni cambiar los instrumentos, sino utilizarlos de acuerdo con sus posibilidades.
De entre las diversas "Sequenze", quizás se podría destacar la tercera, escrita para la que fue su primera esposa, la cantante Cathy Berberian. Aquí se combinan sonidos que provienen de la cotidianidad con otros más convencionales; el resultado es una composición muy original y sobrecogedora.
La voz y el teatro musical
De una manera transversal, la voz aparece en muchas obras diferentes, sea música de cámara, ópera, orquesta o teatro musical, incluso en alguna de las obras electroacústicas, como "Thema (Omaggio a Joyce)". Aunque frecuentemente se agrupan las obras de Berio por géneros, en realidad se hace difícil esta distribución. A menudo, las obras están relacionadas las unas con las otras: algunas surgen de obras de mayores dimensiones, otras se amplían. Por ejemplo, las "Sequenze" para solista originan "Chemins" (para solista y grupo instrumental); otras mezclan géneros diversos y, muchas veces, como "Laborintus II", se hace difícil situarlas con precisión.
Escrita en 1965, la obra combina materiales de procedencias muy diversas. Según el autor, no es el deseo de recuperar, sino la exposición, a manera de un «travelling» que se desplaza lentamente, de muchos materiales sonoros, expuestos por tres grupos: uno vocal, uno instrumental y música electrónica. La discontinuidad también se manifiesta en la utilización de los textos, tan distantes como las «Etimologías» de Isidoro de Sevilla y los recitados por Sanguineti. Las voces amplificadas no tienen relación con las técnicas tradicionales; la finalidad es crear una coherencia y homogeneidad a pesar de los diferentes medios. La sucesión de episodios genera una simplicidad formal, aunque el retorno de algunos fragmentos crea cierta circularidad, evitando los grandes desarrollos.
Además de la "Sequenza III", la colaboración con Cathy Berberian dio otros resultados. Uno de los más personales es "Circles", de 1960. Esta obra está escrita para voz de mezzosoprano, arpa y dos percusionistas, con textos de E. E. Cummings. El planteamiento de la obra, los medios utilizados y los recursos instrumentales y vocales la han convertido en una obra de extraordinario interés. Dice Berio que su preocupación fue elaborar, con criterios de repetición, todos los aspectos de la composición: todo vuelve, también el texto, la circularidad como idea generadora. Como en tantas obras de Berio, los nuevos medios se combinan perfectamente con un lirismo penetrante y expresivo.
Circles es una de las obras más interpretadas. En Cataluña, Anna Ricci fue la principal intérprete de estas composiciones; hay que recordar las extraordinarias versiones que había hecho la cantante catalana tanto de esta como de la "Sequenza III".
Comentarios, citas y alusiones
Según Berio, la mejor manera de analizar y comentar una obra es hacer algo nuevo utilizando el material que se quiere comentar. Así, el comentario de una sinfonía es otra sinfonía, y el de una ópera, otra ópera. La "Sinfonía" de 1968, para ocho voces (estrenada por el conocido grupo «The Swingle Singers») y orquesta, es un ejemplo de este planteamiento. Lejos de ser un collage de citas, la obra se articula a varios niveles, como una superposición de estratos diferentes. La parte más sorprendente es la tercera. Aquí escuchamos varios «textos» en paralelo: el expuesto por el grupo vocal pertenece a El innombrable, de Samuel Beckett; simultáneamente, se interpreta el cuarto movimiento de la "Segunda Sinfonía" de Mahler, aunque en el entramado aparecen episódicamente "El mar", de Debussy, "Le Sacre du printemps" y "Agon", de Stravinsky, y fragmentos de R. Strauss, Ravel o Beethoven. El resultado es un flujo constante y siempre en transformación. Esta obra se estrenó en una versión en cuatro movimientos, pero posteriormente se añadió un quinto.
Otra composición que ha tenido una importante difusión son las "Folk Songs" (1964), primero en la versión para voz y grupo de cámara y, posteriormente, para voz y orquesta. Esta obra incluye algunos materiales que provienen de la música tradicional de varios países. Estos materiales se combinan con otros propios, algunos utilizando características de la música popular. Esta personal organización, la sutil instrumentación y el tratamiento de la voz han convertido esta composición en una de las más conocidas del compositor.
Años después, entre 1976 y 1977, Berio escribe una composición de mayores dimensiones, "Coro", para voces e instrumentos. Según el compositor, la "tabula rasa" no existe. La tendencia a trabajar con la historia, a extraer y transformar conscientemente los «minerales» históricos y absorberlos en procesos que no están marcados por la historia, origina un desarrollo musical con diferentes grados de comprensión, amplificando las posibilidades expresivas. "Coro" articula diferentes materiales, según el autor, para establecer un «festival de la unidad», un tipo de estructura arquetípica. El resultado es una obra donde se yuxtaponen intervenciones camerísticas con grandes bloques sonoros, y las músicas populares de diferentes lugares, tradicionales y propias, se mezclan con textos de Pablo Neruda.
La música de Berio recoge las inquietudes y las transformaciones de la segunda mitad del siglo XX. Testigo de una época, su «comentario» se ha convertido en un conjunto de obras muy personales que, aunque a veces mantengan puntos de contacto con las principales corrientes de la época, definen un estilo propio: combinación de sutileza, sensibilidad y rigor conceptual.
Jesús Rodríguez Picó
